Tulancingo, Hidalgo.
25-feb-06
Los pueblos indios de Acaxochitlán, extranjeros en su propia tierra.
Karla Garza
Cuando las grandes empresas extranjeras se adueñan de nuestras riquezas naturales y nuestros pueblos indígenas no pueden echar mano de esos recursos para su sobreviviencia, es evidente que este país está patas arriba.
Lo saben bien los nahuas de Acaxochitlán, que en la reunión con adherentes de La Otra Campaña en Tulancingo, explican la condición de sus comunidades:
“No nos han dejado salir adelante porque tenemos tres caciques. Nos han usado para que ellos tengan lo mejor y nosotros nos quedamos como puerquitos. Tenemos árboles, tenemos tierras, pero el problema es que no nos han dejado”.
Las 22 comunidades indígenas, que constituyen la mayoría de la población municipal (el 70%), son, sin embargo tratadas siempre como incómodas minorías, actualmente por el alcalde priísta, Miguel Ángel de la Fuente, quien por cierto, gobierna a un pueblo cuya lengua mayoritaria (el náhuatl), desconoce .
Un representante de la organización Aitepe Macehual Tlapalehuiani (en náhuatl, “ayudar a los pueblos indígenas”), explican que el “delito” , ya es tal “si uno corta unas ramitas”, la leña para el hogar apenas, explica, “si tiramos un árbol nos encarcelan 20 años”, y al tiempo la larga lista de vejaciones, de humillación, se le acumula de golpe en la garganta, apenas logra controlar el llamto para continuar: “el gobierno dice que tienen una preparación para protección de los árboles. Nosotros no podemos usar la leña para bañar, para cocinar, para nada.”
En cambio, los presidentes municipales y los caciques, que en Acaxochitlán son los mismos desde hace más de 40 años, la familia Sosa y sus achichincles, disponen a voluntad de los recursos naturales, otorgan permisos amañados a quienes tienen como pagarlos y sobreexplotan los bosques, que como cuentan los miembros de la organización, en algunas comunidades han desaparecido.
“Los bosques son nuestros, los sembramos y cuidamos, pero los policías municipales llega alguien y les da dinero y los dejan cortar árboles”. No sólo eso, sino que además, como cuentan más tarde, esos mismos policías escolotan los camiones de los verdaderos talamontes, los que por cientos arrasan con los pinos. Para obtener la complicidad de la policía municipal o de la PROFEPA, el procedimiento es el mismo, echar mano del apellido, las amistades, la cartera. O bien, aprovechar la coyuntura electoral, porque actualmente, los que colaboraron en las campañas son los que tienen permisos.
No siempre fueron los bosques, antes, estas comunidades fueron víctimas del robo y el despojo de otra de sus fuentes de subsitencia, el ganado. “Nosotros teníamos ganado, a los ancianos y ancianas a los que no se pueden defender les roban el ganado. Hemos ido al ministerio público y nos dicen que no nos pueden ayudar porque es un animal, no es una persona. Acabaron con nuestro ganado. Se lo acabaron todo.” En buena medida, cuentan, obra y gracia de Gerardo Sosa, que en su tiempo al frente de la Universidad de Hidalgo otorgó credenciales a falsos estudiantes quienes las presentaban ante la policía local y les permitía llevarse caballos, borregos, etc.
Fue entonces, luego de “limpiar” a los pueblos de su ganado, que buscaron algo más que robarles y su voracidad se abalanzó entonces sobre los bosques, con lujo de violencia: “Entraban los soldados, los judiciales, ya no se sabía ni quién y a los de nuestra raza, los hacían tomar tehuacán por la nariz, para que digan dónde está la madera.”
Pocas salidas les han quedado después de eso. Relatan además, con la voz entrecortada, que algunas familias bajan a Tulancingo a intentar vender sus productos y sólo han conseguido ser robados y desalojados por las autoridades municipales, del PRD, por cierto. Están, por todos lados, cercados por el desprecio y la persecusión.
Se suman a la red de dominación los representantes religiosos, denuncia otro representante nahuatl. “Los religiosos pagados por los gobernantes le dicen al pueblo tienes que hacer esto, no podemos saber la verdad. Los sacerdotes también se han vuelto cobardes, son nuestros defensores espirituales” o deberían serlo, pero no, son parte de la jauría que devora a los pueblos indios.
Aitepe Macehual Tlapalehuiani es una organización nueva, pero el trabajo que realiza llevaba más de seis años operando en la clandestinidad, porque, como explican sus representantes, “Piden muchos trámites para trabajar por el pueblo. Si nosostroso no podemos hablar ¿creen que podamos manejar una computadora? Nos han bloquedo.”
Incluso los programas de gobierno son utilizados para quebrar su unidad, “ésos proyectos que han manejado los hicieron para que nosotros nos dividamos. El oportunidades, a veces se los quitan, a veces dicen que no llegó el dinero. No podemos salir adelante. Algunos se van a trabajar a los Esados Unidos, otros mejor se matan”. Otro de ellos, expresa luego con tristeza y nostalgia: “quién sabe cómo estarán los muchachos que fueron a trabajar al otro lado”.
La historia de abusos es larga y vieja. En las elecciones pasadas, por ejemplo, “hubo cientos de votantes de más. Íbamos a hacer una paro para que no pudiera tomar la presidencia. Ese día nuestro líder indígena fue muerto a balazos en nuestra propia casa”.
Cuentan también que hace 6 años, “se levanto la gente y se puso rebelde, porque siempre nos secuestraban nuestra gente y veníamos a preguntar dónde están y decían quién sabe. Entonces una vez que se les ocurre bajar al procurador...” la comunidad, encendida, lo retuvo e intentó negociar “nos lo dan nuestra gente y se los damos al señor”.
Pero otra vez, los delitos sólo son delitos si los cometen los pobres. Las autoridades levantaron una demanda por secuestro a varios miembros de la comunidad. Cuatro de ellos ya pagaron su condenas (de hasta 6 años), uno sigue preso y dos más están prófugos.
La cárcel no es, sin embargo, la única respuesta de los poderosos:”Si usted los denuncia como estamos nostros hablando ahorita, los dirigentes los corren de la tierra, del planeta tierra, a los que denuncian.”
El último compañero al que los Sosa y sus aliados “corrieron del planeta”, fue Aldegón Ortega, asesinado apenas el pasado 13 de diciembre. Su muerte no ha sido hasta ahora investigada. Sus amigos y familiares temen correr la misma suerte, y callan, y esperan. “ los hijos no le siguieron porque sabían que también se iban a morir”.
Los pueblos de Acaxohitlán , sin embargo, no buscan venganzas, “Que nos dejen libres”, es todo lo que piden. Aspiran a la autonomía, tienen claras esperanzas de lo que podrían lograr con sus propias formas de gobierno y organización. “ los recursos se quedarían para nosotros y los policías corruptos no pueden entrar. Queremos ser autónomo para distribuir el dinero que nos corresponde y nunca llega porque se lo quedan las autoridades.
Sueñan, planean, explican que podrían poner en marcha un criadero de peces en la cascada del río Chimalapa, si tan sólo laas autoridades dejaran libre el agua, que ahora utilizan como depósito de desechos.
Podrían además administrar sus propios invernaderos, en lso que actualmente son sólo mozos de quienes se han adueñado de sus tierras: “los ingenieros son tan cabrones que no nos enseñan como sembrar nuestras plantitas”.
Saben también que su gente no se traicionaría a sí misma, porque, “al que vamos a elegir, nosotros lo vamos a conocer, no como ahora, que sólo ellos se conocen”, dicen. Serían, como bien corresponde, gobernados por uno de ellos, un indígena náhuatl, no un mestizo, que “nos usa como cargadores y no como seres humanos”.
No pierden la fuerza ni la esperanza. No le temen a la muerte y están dispuestos a seguir peleando por sus derechos. Cuentan para ello con la asesoría y el apoyo de sus nuevos compañeros, las organizaciones, grupos e individuos integrantes de La Otra Campaña en Hidalgo, a quienes, el Delegado Zero, encomia: “Si pudieran garantizarles a ustedes que ese pequeño comercio tiene lugar aquí, que va a haber quien lo compre, no que les den limosna, porque no están pidiendo limsona, y si todas las brigadas que hicieron para Chiapas pudieran dirigirse ahora acá, se va a empezar a construir esto que llamamos otra forma de hacer política. El primer deber de la otra es con quienes la forman, con sus mismos compañeros y compañeras.” |